8 de enero de 2014

Descubrir


Los grandes momentos de la existencia son los momentos en que descubrimos algo nuevo. Y el día en que no sintamos curiosidad ni ganas de cambio será cuando esa vida, que nos prestó un ratito, nos señale con mirada compasiva que debemos dejar paso.

Como seres con conciencia de sí mismos estamos hechos de palabras, propias y ajenas. Oídas y por escuchar. Pero hay un secreto que huye de los ojos conscientes porque no puede ser expresado con palabras. El secreto que parece haber comprendido, con un escalofrío y algo de miedo, este gatito que vive liberado de la prisión que es la conciencia de sí mismo. Viene a decir que la imagen que creemos tener es tan nuestra como el pato que nada en el estanque o el caballo que corre por el monte. Como la dalia que crece libre o el gusano que toma alimento. Como el beso que nos salva. O la ardilla saltarina. Un día tendremos sus ojos sin saber que los tenemos. Porque todo fluye y estamos de prestado. Porque ese día es hoy, aunque nos escondamos detrás de este personaje social y la historia individual por la que le arrastramos, encadenados a su enorme bola, donde lleva escrita la palabra “tener”. Tener para renunciar a ser más. Un día despertaremos del sueño y nos olvidaremos de todo esto. Y pasaremos a ser todo, como siempre ha sido, a pesar nuestro.