13 de enero de 2014

Disparando a mi aire

¿Cuánto hay nuestro en nuestros actos, si todo es aprendido de otros?
¿Por qué solo cambiamos cuando no nos va bien?
¿Cuándo pensamos para hacer y cuándo para justificarnos?
¿Cuándo te acercas a mí para arreglar algo de ti?
¿Es el interés en desamar igual al interés en amar?
¿Cuánto pesa la apariencia en la balanza de tu serenidad?
¿Cuánto de lo que amas es porque necesitas creerlo?
¿Cuánto has dejado de ser en este rato y cuánto sigues siendo mi recuerdo?

Si veo este drama en tus ojos, si sientes el vértigo de estar vivo, si comprendes que incluso la Lógica está de paso y mañana será otra, en otro lugar... eres la respuesta a la única pregunta que no sé formular.

“Cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades”
(Celaya)