8 de enero de 2014

El viajero

"Ordenaron colocarle una venda en los ojos y le hicieron caminar unos pasos. Colocaron en sus manos una barra. Los que miraban no podían disimular sus nervios. Él empezó a dar golpes al aire. Buscaba una figura deforme, a un par de metros suyo. Cuanto más se acercaba, más gritos. Más risas. Del primer impacto nació un grito común, con el que unieron sus almas al interior de aquella cosa. Al segundo, brotaron objetos de todas formas y colores, que la multitud se acercó a descubrir, tocar, comer... Desde aquello, no he vuelto a ver esa expresión en sus caras"