17 de febrero de 2014

Noche

Despertó sobresaltado. Como recibiendo una explicación, recordó haber alargado su mano para apagar el despertador. Se había quedado dormido en esos “cinco minutos más”. Sus ojos iluminaban el reloj, que marcaba las 09:15. Tampoco es tan grave, pensó mientras giraba la cabeza y comprobaba que, lo que realmente estaba iluminando la habitación era una enorme luna que parecía señalarle.

Miró su móvil, para comprobar si la hora del reloj era correcta. Puso la televisión, por si se habían vuelto locos los otros aparatos de su casa. A esas horas, debería estar el Sol iluminando la mañana... en la tele deberían estar hablando de algún fenómeno extraño. Nada. Normalidad.

Se vistió rápidamente y salió para el trabajo. Le acompañó la enorme luna hasta la puerta, sin que ninguna emisora hablase de por qué, a esas horas, la luna gobernaba el día. Con entusiasmo entró en la oficina. - Eh, ¿qué te parece, la luna que hay en el cielo? - Sí, preciosa, está enorme... - Ya, pero, que son casi las 10:00 y es de noche! - Bueno, cómo venimos... ¿ha habido juerga hasta tarde?

El pesado de Contabilidad aprovechó para darle una lección sobre el movimiento de rotación de la Tierra. A todos le parecía normal que por el día fuera de noche. Y ninguna broma podía haber puesto de acuerdo a personas que se odiaban tanto entre sí. La falta de comprensión le apretaba las sienes y, por momentos, se le hacía insoportable.

La jornada fue transcurriendo por resignación. Como sus nervios, de más a menos. Hasta que, bien entrada la tarde, empezó a asomar por la ventana una claridad conocida. Era el Sol apareciendo, poniendo en marcha la noche. Empezó a mirar, disimuladamente, a todos los compañeros que tenía alrededor. Ninguna reacción. Era lo normal. Y apenas empezó a liberar una carcajada nerviosa, se percató de una de las compañeras nuevas. Ella le miraba. Parecía querer decirle algo. Y él la necesitaba. Se acercó dando unos interminables pasos hasta hacer coincidir, ya de cerca, sus miradas. – ¿Es raro, verdad? Titubeó ella. Él resopló. Se sintió libre, estaba en lo cierto y alguien le comprendía, no estaba solo... - Vámonos. La noche será lo que nosotros queramos.