16 de septiembre de 2014

Memoría

La vida sigue como ese charlatán que no para de hablar y nunca escucha. Ella pelea con su bisnieta de diez meses y mira y se encapricha y espera, desde un envoltorio que hace tiempo renunció a dar batalla. Las noches siempre quieren otra cosa y en su afán se llevan lo que fue del día. Así, la amable perra de ayer resulta hoy una perra nueva. El nieto solterón parece que ya no tiene novia y vive solo. Pero hay algo que la vida le perdona a Guadalupe. Cuando ve el traje de carabinero de su padre rompe a llorar. De esa otra noche hace hoy setenta y ocho años. Los fascistas españoles, con sus chivatos, sus fiscales, sus paseos desde las cárceles y el silencio atronador de la gente de bien, le ejecutaron por no obedecer sus órdenes.