27 de noviembre de 2016

Guaridas

La veía en todas partes. En la chica que subía al autobús. En el coche que aparcaba en una calle que nunca era la suya. En el aire que acaricia las heridas de la noche, que ya no era su noche. Un día la vio saliendo de la compra. La puerta se cerró y pudo verse, solo, en el cristal. Comprendió lo que era una relación desigual y decidió guardarla en un bonito recuerdo con su nombre.