2 de octubre de 2016

Octubre

Tu coche pasaba nuestras noches en esa calle que nadie mira, donde siempre había sitio para dejarlo solo. Esa calle es lo primero que veo cada vez que arranco en estas mañanas de después. Hago el recorrido al revés: me despierto sin abrazarte, me levanto sin decir tonterías y me ducho sin haber sumado un beso; no me tomo mi vaso de zumo ni tus galletas sin azúcar y me molesta la luz y que solo jueguen con el silencio esos estúpidos vecinos. Sin más paredes que las de mi maldita cabeza, diciéndome las cosas de siempre pero también otras nuevas. Como que no basta con saber de qué quieres huir.