2 de abril de 2014

Devuelta

Conocía esa mirada. Tras la ventana, en un autobús a punto de partir. Pensó que, a fin de cuentas, cuando alguien vive solo, exagera lo que ve. Ahora simplemente debería fijarse en otras cosas. La mirada del niño frente al caracol, cada uno buscando su refugio. Los colores que iluminan a gritos el salón de un humilde bajo reclamando compañía. El cielo cerrando el telón y descubriendo una noche plomiza. La lluvia cayendo a su paso, disimulando dos preciosas lágrimas.