15 de abril de 2014

El saber no ocupa lugar



Olía muy mal. Un olor confiado de su fuerza, que se pegaba en el alma y pesaba en el verbo. Ella miraba hacia los lados y no reconocía nada. Se preguntaba quién le había dejado allí. Sola. Sin respuestas. Detuvo a un transeúnte con intención de preguntarle, pero el transeúnte andaba a otra cosa y solo le decía que olía muy mal. Imploró a un inquieto mirlo, a un gato juguetón y hasta a un policía municipal. La única respuesta era la indiferencia.

Fue recogida y llevada, junto a las otras, al inmenso vertedero de la ciudad.