3 de mayo de 2017

El puente

Este puente, como en el juego, he tenido la suerte de ser llevado por la corriente para avanzar en el tablero. Un viaje familiar que sobre todo ha sido un viaje a las raíces, esas que se ocupan de absorber el alimento para poder dar nuevas semillas. Los mejores ratos me los regaló la pequeña de mi primo, Clara. Sacamos el jugo a muchos cuentos, un dominó de animales, un juego de memoria de los Pitufos y un “picnic” cuando tocó. Me devolvió a la infancia desde el primer momento. Al cariño sin medida, al presente como única intención, a llorar por despegarse. En definitiva, todo lo que me he ido dejando por el camino. Más tarde, en otro hogar sin puertas me enseñaron lo que escribió una prima mía, más joven que yo, cuando mi padre murió el año pasado. Contaba los guiños que él le hacía para atraparle en el mundo de los libros, porque mi prima apuntaba maneras. A escondidas, le regalaba libros que no eran infantiles, como los que llevaba los demás sobrinos. Hoy escribe fabulosamente. Mi prima también se llama Clara. En su texto hablaba de cómo esos libros que le llevaba mi padre y su preocupación por animarla forman parte de ella. Libros, picnic, ausencias, distintas formas de acercarse. El camino para recuperar lo perdido.