7 de junio de 2015

Nº 10

Le recorrió un escalofrío al intentar entrar en la casa. La sensación de que había alguien al otro lado. Estuvo a punto de echarse a correr en dirección contraria pero le pudo una mezcla de curiosidad y la necesidad de negarse a tirar la toalla. Decidió ir hacia la puerta de atrás, manteniendo el sigilo. Pudo abrir esa puerta y entrar en el garaje, que atravesó en silencio. Mientras recorría el pasillo que daba al salón, una mano que apareció desde el pequeño baño le sujetó firmemente por el antebrazo. En pánico, no pudo darse la vuelta para mirar. Quedó absorto observando al fondo una cocina que no era la suya. Ni el salón, por los detalles que podía contemplar desde aquel pasillo ajeno. Comprendió que uno no piensa las cosas que hace mientras le va bien. Quizás había entrado a robar. Quizás era ya otra persona.