26 de agosto de 2014

Deseatado (microrrelato)

No me atreví. Con los nervios desbocados, volví a comprobar que era su melena, su forma de caminar, e incluso hice ademán de llamarla. Pero la voz no sale como uno quiere cuando lleva días sin hablar con nadie. Le hubiera contado que la había visto esta mañana en el aeropuerto. Y no una, sino dos veces. El día anterior, caminando por no sé qué calle de Berlín. En la caja de aquel supermercado... Menos mal que ya no me atreví, porque me hubiera encontrado otra mirada extrañada. Todas me transmiten una nostalgia común, algo que hemos perdido cada uno de nosotros. Y durante ese rato se calla tu dichosa frase sobre dejar de vernos.