23 de diciembre de 2014

Cuentos

Pasa otro año. Otro sello en la obligación de ser o nada. Aunque te empeñes en cerrar los ojos o nunca los hayas abierto, la vida te observa siempre. Y tu sonrisa o tu indiferencia depende de lo que le cuentes. Ocurre igual contigo. El problema no es tu soledad sino lo que te cuenta. Estamos hechos de cuentos. Que escriben encima irremediablemente. Entre mis cuentos está todo aquello a lo que he renunciado. Y mi inevitable apego al abismo. Cuento que este año amenazó con convertir el 10 de diciembre en 18 de enero. Que siempre pasa, aunque cierre los ojos. O nunca los abra. Aunque escriba encima para comprender que ya no somos todo, como al principio, en un pequeño mundo ajeno. Que somos parte de ese mundo que cada vez es más grande y nos lleva hacia la nada. No te creas, que tienes tu cuento. Y tienes que contarlo o nada.